jueves, 20 de mayo de 2010

Endocarditis Infecciosa/Bacteriana

Se entiende por la endocarditis infecciosa la infección, ocasionada por un germen, del revestimiento interno del corazón (endotelio). La lesión característica provocada por esta enfermedad es la vegetación que se desarrolla habitualmente en las válvulas cardiacas. La endocarditis infecciosa puede producirse a cualquier edad, siendo más frecuentes en adultos mayores (la edad media de aparición es de 50 años). La mayoría de los pacientes con esta enfermedad tiene un trastorno previo que afecta a las válvulas cardiacas. Las lesiones cardiacas con más riesgo de endocarditis son las válvulas protésicas, endocarditis infecciosa previa, cardiopatías congénitas cianóticas, conducto arterioso permeable, valvulopatías aórtica y mitral, comunicación interventricular y coartación de aorta. También tiene un alto riesgo los drogadictos por vía intravenosa. En cambio, existen enfermedades cardiacas que tienen un riesgo de endocarditis despreciable, como la comunicación interauricular, la enfermedad coronaria y los pacientes portadores de marcapasos.

El mecanismo que conduce a la endocarditis infecciosa es la unión de microorganismos (bacterias, generalmente) circulantes en el torrente sanguíneo a la superficie de las válvulas anómalas. Las bacterias se multiplican rápidamente, dañando más la válvula, y aumentando el tamaño de la vegetación; incluso pueden formar un absceso, con el consiguiente destrozo y mal funcionamiento de la válvula. La puerta de entraba de estos microorganismos al torrente sanguíneo puede ser variable: procedimientos dentales (en general todo aquellos que implican sangrado), procedimientos del tracto respiratorio (adenoidectomía, amigdalectomia, broncoscopia con broncoscopio rígido…), procedimientos del tracto gastrointestinal (esclerosis de varices esofágicas, dilatación esofágica, cirugía del tracto biliar, operaciones quirúrgicas que involucran mucosa intestinal…) y procedimientos genitourinarios (cistoscopias, dilatación uretral, sondaje uretral en caso de existir infección urinaria, cirugía uretral si existe infección urinaria, cirugía prostática, histerectomía vaginal, parto vaginal con infección…). También es frecuente la endocarditis de las válvulas derechas del corazón (tricúspide y pulmonar) en adictos a drogas por vía parenteral por el daño directo en sus válvulas que causan las sustancias que se inyectan. Son muchas las especies de microbios que pueden causar una endocarditis, pero predominan las bacterias, y de estas, estreptococos y estafilococos son las más frecuentes.

Dependiendo de la agresividad de la bacteria causante, la endocarditis puede ser aguda (evolucionando en días o semanas, provocada por gérmenes muy agresivos) o subaguda (su curso dura semanas o meses, causada por gérmenes de escasa virulencia).

Los síntomas de la endocarditis son muy variables, dependiendo del paciente y del tipo y agresividad del germen causante. Son típicos, en la endocarditis subaguda, fiebre, escalofríos, sudoración nocturna, malestar general, disminución del apetito, fatiga, debilidad, molestias musculoesquelécticas… Estos síntomas pueden durar varias semanas antes del diagnostico. En la aguda son síntomas muy parecidos, pero de una gravedad acelerada y acentuada en solo unos días. Pueden aparecer síntomas de insuficiencia cardiaca debido a la rotura de la válvula afectada.El diagnóstico de la endocarditis es difícil (puede confundirse con otras enfermedades infecciosas mucho menos graves). Hay que sospecharlo en pacientes con antecedentes de valvulopatía que presentan fiebre, anemia y un soplo cardiaco de nueva aparición. En los pacientes en los que se sospeche la dolencia hay que realizar pruebas complementarias para poder llegar al diagnostico (la radiografía de tórax y el electrocardiograma pueden ser normales). En los análisis es frecuente encontrar anemia y elevación de la velocidad de sedimentación, aunque estos datos no son específicos de esta enfermedad y pueden ser alterados en muchas otras patologías. Siempre hay que realizar hemocultivos (análisis de la sangre para ver si crece algún germen en la sangre), que en esta dolencia, generalmente, son positivos, y detectar cual es el microorganismo causante. Cuando se sospeche una endocarditis, hay que realizar siempre un ecocardiograma (con el podemos ver las vegetaciones, la rotura de la válvulas o los abscesos). A veces, si la sospecha es alta y el ecocardiograma transtorácico (ecografía por fuera de la pared del tórax) no ha llegado al diagnostico, hay que realizar un ecocardiograma transesofágico (se introduce una sonda por el esófago) que visualiza mucho mejor las válvulas y es difícil que se escape alguna vegetación endocarditica que no se haya visto bien con el ecocardiograma transtorácico.La evolución y el pronóstico de la endocarditis es muy malo siempre. Si no es tratada correctamente, es mortal. Con un tratamiento correcto se puede llegar a una tasa de curación del 95 por ciento. Los índices de curación son menores si existen factores de pronostico desfavorable (endocarditis con insuficiencia cardiaca, gérmenes muy agresivos, infección de la válvula protésica, abscesos y edad elevada).

El tratamiento es siempre con antibióticos intravenosos (el paciente ingresado en un hospital) y el tipo de de antibiótico va a depender del tipo de germen hallado en el hemocultivo. Generalmente, la duración del tratamiento antibiótico intravenoso es de 4 a 6 semanas. El tratamiento quirúrgico, en ocasiones, es necesario cuando la endocarditis ha destrozado la válvula afectada. Este tratamiento suele consistir en la extirpación de la válvula original infectada y la inserción de una válvula protésica.

En conclusión, la endocarditis infecciosa es una enfermedad muy grave, afortunadamente poco frecuente, que consiste en la infección de una o varias válvulas del corazón. Los síntomas son bastante inespecíficos y pueden confundirse con otras enfermedades infecciosas. El diagnostico y el tratamiento se deben realizarse los más precozmente posible, porque sin un tratamiento adecuado (antibioterapia prolongada y, a veces, cirugía cardiaca) es siempre una enfermedad mortal.

jueves, 22 de abril de 2010

Colesterol alto genético: Consejos dietéticos para su control

Colesterol alto genético: Consejos dietéticos para su control


La hipercolesterolemia familiar es una enfermedad hereditaria que aparece desde el nacimiento y es producida por mutaciones en el gen que codifica el receptor de las lipropoteínas LDL, encargado de eliminar el colesterol de la sangre. Esta mutación produce un aumento del colesterol total en sangre por encima de los niveles normales, principalmente del colesterol transportado por lipoproteínas de baja densidad (LDL), es decir, el denominado colesterol “malo”, mientras que los niveles de triglicéridos permanecen normales. El diagnóstico definitivo viene con las pruebas genéticas.


La mayoría de los pacientes con hipercolesterolemia familiar necesita un tratamiento farmacológico, porque necesitan reducciones de colesterol de al menos un 40-50 por ciento. Sin embargo, el tratamiento farmacológico tiene que ir acompañado de un cambio del estilo de vida: alimentación sana, reducir la ingesta de alcohol, dejar de fumar, evitar el exceso de peso y realizar ejercicio físico.


Respecto a la alimentación, la ingesta recomendada es de un 30-35 por ciento de grasa (principalmente en forma de aceite de oliva virgen), en la que la grasa saturada no puede superar el diez por ciento, la poliinsaturada el siete por ciento, y la grasa monoinsaturada entre el 15 y el 20 por ciento. Asimismo, no se debe tomar más de 300 miligramos de colesterol, los hidratos de carbono representarán entre un 50-55 por ciento de la energía y las proteínas un 15 por ciento. Es importante aumentar el consumo de fibra hasta unos 20-30 gramos, ya que contribuye a mejorar los niveles de colesterol en sangre y reducir la obesidad.


Para conseguir estos objetivos, tenemos que basar nuestra dieta en alimentos como las frutas y las verduras (cinco raciones al día), hortalizas, cereales integrales (pan, pasta, arroz), legumbres (tres raciones a la semana), pescado azul (tres raciones a la semana de atún, sardina, boquerón, salmón...), frutos secos (nueces, almendras) y aceite de oliva virgen. Estos alimentos nos aportan nutrientes que nos ayudan a reducir los niveles de colesterol total y/o aumentar el colesterol-HDL (colesterol “bueno”), como son los ácidos grasos monoinsaturados (aceite de oliva virgen), ácidos grasos omega-3 (pescado azul), esteroles y estanoles vegetales (en aceites vegetales o incorporados en productos lácteos) y antioxidantes (frutas y verduras).





Menos grasas malas

Por otro lado, tenemos que evitar aquellos alimentos que pueden elevar los niveles de colesterol total y colesterol “malo” en sangre, porque contienen abundante grasa saturada, grasa trans y colesterol, como son los lácteos enteros (sustituirlos por lácteos desnatados), mantequilla (sustituirla por aceite de oliva virgen), carnes grasas (sustituirlas por carnes magras, con poca grasa, como el conejo o el pollo sin piel), embutidos, fritos comerciales y la bollería industrial.


Respecto al consumo de huevos, pueden tomarse hasta cuatro completos (yema y clara) a la semana y las claras que sean necesarias. Por ejemplo, una tortilla se puede hacer con una yema y dos claras.


Otro factor dietético que tenemos que tener en cuenta es la sal. Un exceso puede aumentar la presión arterial, un factor de riesgo para la enfermedad cardiovascular. Para reducir el consumo de sal, se aconseja no añadirla a los alimentos, ni a los guisos ni a las ensaladas, así como evitar los alimentos más ricos en ella (los frutos secos salados, el bacón, el jamón, los embutidos, las sopas de sobre, la bollería comercial, los quesos curados, las salsas en sobre…).Para aumentar el sabor de los platos podemos sustituir la sal por especias o hierbas aromáticas, limón, vinagre...


También es importante elegir métodos de cocinado que aporten poca grasa como el horno, la plancha, la parrilla, el microondas, el asado, la cocción al vapor... y utilizar el aceite de oliva virgen como grasa de elección para el cocinado, ensaladas...


La alimentación cardiosaludable debe combinarse con una actividad física apropiada, de forma regular, que nos ayude a controlar el peso y de esta forma bajar el colesterol LDL. También puede ayudar a aumentar el colesterol HDL y mejorar el estado del corazón y de los pulmones.


Los culpables

El colesterol es necesario para la vida, pero un aumento de sus niveles está asociado a problemas cardiovasculares. Además de los genéticos, existen otros factores que pueden elevar el colesterol como, por ejemplo, las dietas inadecuadas (muy ricas en grasa de origen animal, grasa saturada, grasa trans y alcohol), las enfermedades hepáticas, endocrinas y renales, junto con la administración de ciertos fármacos.


Dato:

Más del 50% de los pacientes afectados de hipercolesterolemia familiar presenta una enfermedad cardiovascular.


Consejo:

Lee el etiquetado de los productos

A la hora de comprar productos alimenticios empaquetados, es importante fijarse en el etiquetado. Se deben buscar y comprar aquellos con un bajo contenido en grasa total, grasa saturada y colesterol. Los ingredientes figuran en orden descendente por cantidad en peso.

viernes, 9 de abril de 2010

Insuficiencia cardiaca: La vida después del diagnostico de insuficiencia cardiaca

Aspectos de interés

  • Se trata de un conjunto de síntomas y de signos físicos que expresan el fracaso del corazón para realizar su función. Supone una merma importante en el estado de salud y un aumento del riesgo vital.

  • No siempre supone convertirse en un enfermo crónico. Ciertas enfermedades afectan transitoriamente al corazón. Este puede recuperar su función y, por lo tanto, el enfermo puede retornar a la normalidad.

  • Cuando la insuficiencia cardíaca es crónica, la relación médico-enfermo alcanza su máxima expresión. El propio enfermo es el protagonista principal y su voluntad no puede ser reemplazada por su médico o por el resto del sistema de salud.

  • No define una enfermedad concreta. Es la consecuencia que afectan al corazón dañando su estructura.

  • Ser diagnosticado de insuficiencia cardíaca es un acontecimiento de gran trascendencia vital. Sin embargo, su importancia no suele ser percibida adecuadamente por los enfermos y sus familias. Vivir con el diagnóstico de insuficiencia cardíaca es un ejercicio de responsabilidad.


    Si sufrimos de insuficiencia cardíaca, de forma genérica el enfoque que debemos dar a nuestra vida pasaría por un estilo de vida saludable, intentando que ésta sea lo más normal posible. Las relaciones humanas es un aspecto muy importante a cuidar. Los enfermos, especialmente los ancianos y los discapacitados, precisan de un fuerte apoyo familiar y social. Pueden necesitar compañía, explicaciones, que alguien sea sus ojos y sus oídos para cumplir las recomendaciones médicas.


    Cumplir el tratamiento

    El cardiólogo va a indicar unas medidas básicas, como la restricción de sal, el control de la ingesta de líquidos o la dieta cardiosaludable, y va a prescribir varios fármacos. Todas estas indicaciones son esenciales porque se complementan entre sí para poder ser efectivas. El incumplimiento del tratamiento es la causa más frecuente de descompensación grave que motiva el ingreso en el hospital. Los médicos sabemos que las restricciones y el gran número de pastillas no son agradables para el enfermo, pero insistimos en ello porque son el mecanismo por el que se suple el déficit de la función del corazón y se le protege del deterioro progresivo.


    Es preciso preguntar al médico las dudas sobre la enfermedad y el tratamiento, así como leer aquellos folletos o guías específicamente elaborados para pacientes y que se entregan en muchos centros. El paciente debe colaborar con sus médicos en el control de otras enfermedades y factores de riesgo que pueden desencadenar episodios de insuficiencia cardíaca.

    Medidas de autocontrol

    Los enfermos y su entorno pueden contribuir enormemente a mejorar su calidad de vida si aprenden a detectar la aparición de los signos y síntomas de la insuficiencia cardíaca. Seguir las indicaciones de médicos y enfermeras, así como ejercitar la observación propia (control de peso, edemas en los pies, hinchazón abdominal, aumento de la fatiga...) facilitan el reconocimiento precoz de las descompensaciones.

    Es relativamente frecuente que la enfermedad repercuta en el estado de ánimo y que el paciente se encuentre triste. Estos síntomas deben referirse al médico con prontitud.

    Por otro lado, antiguamente se pensaba que el reposo era lo más adecuado para el enfermo con insuficiencia cardíaca. Hoy sabemos que el ejercicio mejora la relación del corazón con el resto del organismo facilitando su función. Se gana en calidad de vida y probablemente en la duración de la misma, se aumenta la capacidad de hacer esfuerzos y, además, se controlan mejor los factores que empeoran la insuficiencia cardíaca. El tipo de ejercicio debe ser el llamado aeróbico (andar, nadar, bicicleta, correr…) y no los esfuerzos llamados isométricos, como el levantamiento de pesas. La intensidad la marcará el médico adaptándose a las características del enfermo.


    Actividad laboral y sexual


    Dependiendo de la gravedad, estado general del enfermo y tipo de trabajo, podrá o no continuar una vida laboral activa. En general, los trabajos que supongan esfuerzo físico intenso y mantenido o grandes dosis de estrés no van a ser bien tolerados. Con frecuencia, los enfermos deben reorientar su vida.

    Por otro lado, muchos enfermos con insuficiencia cardíaca pueden mantener su actividad sexual. No obstante, es un motivo de consulta frecuente. Múltiples factores influyen en ello por lo que es necesario el estudio individualizado para aplicar las posibles soluciones.

    Aunque el diagnóstico de insuficiencia cardíaca puede conllevar ciertas limitaciones para la vida, las herramientas terapéuticas de las que hoy disponemos podrían garantizar una buena calidad de vida y confianza en el futuro para muchos de los enfermos. Sin embargo, es necesario que el propio enfermo afronte el hecho de forma positiva para que sus buenos hábitos permitan rentabilizar la aplicación de estas herramientas.


    El equipo (médico, personal de enfermería y asistente social) constituye un apoyo sólido para dirigir el tratamiento, generar confianza y contribuir a la educación necesaria para entender mejor el problema.

    martes, 30 de marzo de 2010

    Taquicardia: El corazón acelerado y fibrilacion auricular

    El corazón de una persona adulta y sin pro­blemas de salud late entre 60 y cien veces por minuto. Llamamos taquicardia a la pre­sencia de una frecuencia cardíaca por enci­ma de cien latidos por minuto en situaciones de reposo, puesto que cuando esta cifra se alcanza durante la actividad deportiva se considera una frecuencia normal.

    Algunas taquicardias son banales y no ne­cesitan tratamiento, pero otras pueden poner en peligro la vida del paciente. El tratamiento de las taquicardias es variable, y dependien­do de la causa que la origine puede requerir desde tratamiento farmacológico hasta la realización de intervenciones más complejas. El diagnóstico específico de la taquicardia es esencial para un tratamiento correcto.

    ¿Sintomas de taquicardias?

    Si el corazón late muy deprisa, puede ser que éste no sea capaz de bombear la sangre que necesita el cerebro y el resto de órganos para funcionar adecuadamente. Por este motivo, se puede producir mareo, fatiga, pesadez de cabeza, palpitaciones (sensación desagradable de percepción del latido cardíaco), dolor de pecho, visión borrosa o caída al suelo con pérdida de conocimiento. Algunas veces, las taquicardias no producen síntomas y son descubiertas en una exploración rutinaria por el médico.

    Problemas en el ritmo cardíaco

    El corazón está compuesto de cuatro cavi­dades; las dos superiores se denominan aurí­culas y las dos inferiores ventrículos. El impul­so cardíaco normal se origina en la aurícula derecha y se transmite a través de un impulso eléctrico a los ventrículos. En personas con taquicardias, se interrumpe el ritmo cardíaco normal en algún lugar del recorrido eléctrico, provocando que el corazón lata más deprisa.

    Las taquicardias se clasifican de acuerdo con el lugar en que se originan (aurículas o ventrículos). Entre las que se originan en las aurículas destaca la taquicardia sinusal (rít­mica), la fibrilación auricular (arritmia soste­nida más frecuente en la cual el corazón, en ausencia de tratamiento, late de forma muy rápida e irregular), el flutter auricular (similar a la anterior aunque el ritmo cardíaco suele ser regular), la taquicardia auricular y la ta­quicardia supraventricular.

    Documentar la arritmia

    Para el tratamiento de una taquicardia, el médico necesita documentar el tipo de ta­quicardia que tiene el paciente. Esto se puede realizar mediante la monitorización cardía­ca en la consulta, durante la vida cotidiana mediante el uso de aparatos que registran la actividad cardíaca o en el hospital mediante el intento de desencadenamiento de la taqui­cardia bajo la supervisión de un médico.

    Las pruebas que tratan de documentar la taquicardia incluyen un electrocardiograma, un Holter (aparato que registra la actividad cardíaca durante 24 horas) o un grabador de eventos (el paciente activa la grabación de la actividad cardíaca ante la presencia de síntomas). Las pruebas que tratan de desen­cadenar la taquicardia incluyen una prueba de esfuerzo o un estudio electrofisiológico (introducción de catéteres en el interior de las cavidades cardíacas para el registro y ge­neración de impulsos eléctricos).

    Es posible que el cardiólogo solicite, ade­más, una serie de pruebas para comprobar el funcionamiento del corazón entre las que se incluyen un ecocardiograma o una coro­nariografía.

    El tratamiento depende del tipo de taqui­cardia, de los síntomas que produzca, de la frecuencia de los episodios y de la presencia o no de enfermedad cardíaca subyacente. De esta manera, el cardiólogo puede pres­cribir la toma de medicamentos para con­trolar la frecuencia cardíaca o para prevenir la recurrencia de episodios. Además, puede ser necesaria la realización de una ablación cardíaca (curación de una taquicardia me­diante la aplicación de calor en alguna zona del corazón con el uso de un catéter que se introduce en el corazón de forma mínima­mente invasiva) o la colocación de un dispo­sitivo desfibrilador, similar a un marcapasos, que es capaz de tratar de forma eficaz las taquicardias más peligrosas.

    lunes, 15 de marzo de 2010

    La obesidad infantil: Una nueva epidemia

    Son muchas las noticias que nos llegan acerca de que nuestros niños tienen sobrepeso. Y es que la obesidad del adulto, en la mayoría de los casos, está causada por unos malos hábitos en la infancia Pero, ¿estamos ante una epidemia? ¿Cómo frenarla?

    En la actualidad la obesidad infantil se reconoce como un problema de salud pública; tanto es así que la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su 57ª asamblea del año 2004 la declaró cómo epidemia del siglo XXI. Para evitarla esta organización internacional estableció un programa, denominado NAOS (Nutrición, Actividad Física, Obesidad y Salud). La obesidad se caracteriza por un aumento de la masa corporal grasa. Para saber si un niño está gordo debemos relacionar su peso con la estatura y con la edad. La mejor forma de hacerlo es mediante el cálculo del Índice de Masa Corporal (IMC). En los adultos se considera obesidad cuando el IMC es mayor de 30 y sobrepeso cuando está entre 25 y 30. En los niños va aumentando con la edad y se debe consultar las tablas adecuadas, por ejemplo un IMC de 20 a los 5 años es obesidad y a los 12 años normal.

    La realidad es…

    Desgraciadamente, en España, según datos del estudio enKid, un 26 por ciento de la población infantil y juvenil (2-24 años) presenta sobrepeso; esto es, uno de cada cuatro niños y adolescentes pesa más de lo recomendable. Las mayores cifras se concentran en la prepubertad y, en concreto, en el grupo de edad de 6 a 12 años, con un 16,1 por ciento de niños obesos. En los últimos 20 años ha aumentado el número de niños obesos. En España, en 1984, 5 de cada 100 niños en edad escolar eran obesos (Estudio Paidos) mientras que en el 2000 15 de cada 100 niños son obesos (Estudio enKid). Se observan diferencias significativas entre comunidades autónomas, siendo Canarias la comunidad con mayor frecuencia de obesidad infantil y Cataluña y parte de Aragón las de menor. La obesidad en la edad adulta esta asociada a la aparición de múltiples problemas de salud, entre ellos hipertensión, enfermedades cardiovasculares y diabetes tipo 2. Sabemos que el 40 por ciento de los niños obesos siguen ganando peso durante la adolescencia y que el 75-80% de los adolescentes obesos serán adultos obesos. Durante la infancia la obesidad se asocia a disminución de la autoestima, depresión, acentuación de las desviaciones de columna, aumento lesiones articulares, pie plano, dolores óseos, puede aparecer ya la hipertensión y en la adolescencia la diabetes tipo 2.

    Las causas

    La obesidad se debe al desequilibro entre el ingreso de energía y el gasto de la misma. Esto se puede deber a: defectos genéticos (menos del 5% de los casos) a enfermedades, a fármacos y fundamentalmente a factores ambientales.

    Factores ambientales

    Son los que mas han influido en el aumento de frecuencia de la obesidad infantil.

    Nutrición del feto durante el embarazo y del recién nacido: la desnutrición fetal aumenta el riesgo de obesidad posterior y existe un aumento de niños que nacen con bajo peso. Un dato importante es el efecto protector de la lactancia materna.

    Ambiente familiar: La obesidad de los padres (70-80% de los niños obesos poseen un progenitor obeso), los hábitos de alimentación de los padres, las dietas desequilibradas, el tipo de alimentos que se compran, van a influir en el aprendizaje de los niños. La comida en familia disminuye el riesgo de obesidad que aumenta en los niños que comen solos o están mucho tiempo solos en casa.

    Alimentación: El mayor factor de riesgo en el momento actual es el aumento de consumo de hidratos de carbono refinados y el escaso consumo de fibra por disminución de la toma de frutas y verduras.

    Actividad física espontánea es la suma de sus actividades normales tales como juego, paseo, asistencia a clase, tiempo de ordenador y de televisión, todo ello influenciado por el estilo de vida del niño, es la que tiene mayor contribución al gasto energético. En el momento actual la mayoría de los niños dedica más tiempo al ordenador y TV que al juego.

    ¿Qué debemos hacer?

    Para prevenir la obesidad debemos hacer que el ingreso de energía sea igual al gasto y para tratarla que el ingreso sea menor que el gasto.

    - Disminuyendo la cantidad de comida se logra comiendo en platos pequeños, evitando el “picoteo”, el niño debe hacer todas las comidas (desayuno, comida, merienda, cena y media mañana según el horario) para evitar llegar con excesivo apetito a la siguiente comida.

    - Disminuyendo la densidad calórica de la comida aumentando el consumo de frutas y verduras y disminuyendo el de frutos secos, los chocolates, los quesos, etc.

    APRENDIZAJE DE LA ALIMENTACIÓN

    _ Enseñar al niño a comer con horario

    _ Enseñar a elegir los alimentos

    _ Evitar comidas abundantes

    _ La leche y el yogur son necesarios pero no deben sustituir a las frutas

    _ Las legumbres se deben tomar varias veces a la semana

    _ Ofertar diariamente: verduras y frutas que debe aprender a aceptar

    _ Consumir la fruta preferentemente entera. Menos frecuencia de zumos.

    _ Enseñar al niño a desayunar. Debe tomar cereales

    _ No debe abusar de chucherías, dulces y bollos

    _ Aprender a no tomar bebidas azucaradas

    _ Jugar con el niño. El momento de comer debe ser agradable y tranquilo

    Fuente: Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría.

    An Pediatr (Barc). 2006;65(6):607-15.

    EL EJERCICIO FÍSICO PARA ELLOS

    Aeróbico: que consuma oxígeno y produzca “pocas agujetas” (caminar, aeróbic, baile, ciclismo, carreras lentas, gimnasia, fútbol, baloncesto, tenis, natación, balonmano, voleibol, patinaje, remo).

    De bajo impacto, en fases iniciales: escasa sobrecarga sobre articulaciones (caminar, ciclismo, bicicleta estática, natación, aeróbic de bajo impacto, remo).

    Progresivo: empezando con 10 minutos en niños muy obesos e ir incrementando lentamente la duración (5 minutos cada 15-30 días) hasta un mínimo de media hora diaria (ideal: 1 hora al día).

    Diario, o al menos, 5 días a la semana. En casos de hipercolesterolemia el ejercicio deberá

    ser todos los días de la semana.

    En grupo, si es posible. El senderismo, las carreras populares, los paseos en bicicleta y los deportes en la playa cumplen los requisitos anteriormente mencionados.

    Para aumentar el ejercicio en los niños lo más útil es disminuir las actividades sedentarias. Es necesario controlar el uso o abuso de la televisión, internet, videojuegos.

    Fuente: Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría.

    MODIFICACIÓN DE LA CONDUCTA

    _ No ir a la compra con el niño.

    _ Servir el plato desde la cocina. No poner fuentes en la mesa.

    _ Masticar la comida despacio.

    _ Comer sentado en la mesa. Nunca comer de pie.

    _ Nunca comer mientras se realice otra actividad (TV, cine).

    _ Recompensar la pérdida de peso con algo que no sea comida.

    _ Toda la familia debe implicarse en el tratamiento.

    Fuente: Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría.

    jueves, 4 de febrero de 2010

    Infarto, cocaina y tabaco

    infarto
    La diferencia entre el efecto del tabaco y la cocaína radica en el tiempo de acción. Fumar supone un riesgo coronario a largo plazo; es decir, sus efectos no se manifiestan hasta después de varios años del primer cigarrillo.

    Sin embargo, en el caso de la cocaína sus consecuencias pueden ser inmediatas, ya que algunos jóvenes incluso llegan a sufrir un infarto tras su primer contacto con esta sustancia. Por eso, mientras que es complicado medir la incidencia directa del tabaco en los problemas coronarios a edades tempranas, las estadísticas ponen de manifiesto que uno de cada cuatro ataques al corazón que se producen en menores de 40 años se desencadena a raíz del consumo de cocaína, cuyo nivel de riesgo no depende ni de la cantidad ni de la vía en la que se administre.

    Según el Dr. Tuñón, “la cocaína produce efectos sobre las arterias coronarias, como trombosis o espasmos, que llevarán a un infarto agudo de miocardio. Y, al tratarse de un tóxico directo, también produce daño a nivel del músculo cardíaco”.

    Actualmente, el diez por ciento de los pacientes que llega a un hospital con un infarto tiene menos de 45 años. Las probabilidades de los más jóvenes de llegar con vida a un centro sanitario se reducen en comparación con enfermos crónicos, ya que, al manifestarse repentinamente, “el corazón no está habituado a la falta de oxígeno, no ha desarrollado mecanismos compensadores y existen claras probabilidades de que las consecuencias sean peores”, explica el Dr. Tuñón.

    En su opinión, la tendencia a pensar que una persona de 30 años no puede sufrir un episodio cardíaco hace que raramente vincule síntomas como dolor en el pecho o malestar intenso con los de un infarto, por lo que, en muchas ocasiones, tarda más tiempo en demandar ayuda especializada. Sin embargo, aquellos que sobrevivan hasta ser atendidos por los profesionales sanitarios tienen mucha más facilidad para restablecerse del infarto, ya que, como asegura el Dr. Tuñón, “suelen tener pocas enfermedades añadidas” que compliquen su recuperación.

    Aunque la dieta y el ejercicio físico contribuyen a reducir el peligro de sufrir un infarto a edad temprana, para minimizar el riesgo al máximo “la norma número uno para los jóvenes es no consumir tóxicos cardíacos, fundamentalmente, cocaína y tabaco”, según el Dr. Tuñón.



    Por tanto, cuidar del corazón no es sólo tarea de los mayores. Una persona joven también debe vigilar su estilo de vida para evitar desarrollar una patología coronaria a una edad temprana, aunque el hecho de no consumir drogas ya reduce considerablemente las probabilidades de sufrir un infarto.

    jueves, 23 de abril de 2009

    Campaña de riesgo cardiovascular

    Enfermedades cardiovasculares: una pandemia a nivel mundial


    Según datos de la Federación Mundial del Corazón, las enfermedades cardiovasculares y los infartos causan 17,5 millones de muertes al año, tantas como el resultado de sumar las provocadas por el SIDA, la tuberculosis, la malaria, la diabetes, el cáncer y las patologías respiratorias crónicas.


    Las enfermedades cardiovasculares producen en Europa 4,3 millones de fallecimientos. Estudios publicados en el European Heart Journal ponen de manifiesto que existen diferencias significativas en la incidencia de las enfermedades cardiovasculares en el viejo continente. Sin embargo, hay un dato que no varía: con más de 2 millones de muertes, las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de fallecimiento en la Unión Europea. Además, la prevalencia de infarto de miocardio en los europeos mayores de 65 años continúa aumentando.


    España forma parte, junto con Francia, Suiza e Italia, del grupo de naciones europeas con menor riesgo de mortalidad por enfermedad cardiovascular, aunque eso no implica que estemos exentos de peligro. De hecho, según los últimos datos aportados por el Instituto Nacional de Estadística (año 2006), en nuestro país mueren anualmente 120.690 personas por enfermedades cardiovasculares, lo que supone un 32,5% del total de defunciones.


    Las últimas investigaciones reflejan la dispersión y variedad del riesgo cardiovascular en España. Comunidades como Extremadura y Andalucía se sitúan a la cabeza, mientras que la Comunidad Valenciana, Baleares y Canarias se acercan poco a poco a cifras de alto peligro.


    Los hombres son el grupo de población más afectado en España:
    los de regiones como Andalucía, Comunidad Valenciana, Extremadura, Baleares y Canarias presentan cifras de fallecimientos equivalentes a las naciones europeas consideradas de mayor riesgo. A pesar de este alto impacto sobre la población masculina, tampoco debemos perder de vista que tres de cada diez muertes que se producen entre las mujeres españolas están directamente relacionadas con la salud cardiaca y cerebrovascular.


    La prevención es posible, ¡cuida tu corazón!


    Pero no todo son malas noticias. La enfermedad cardiovascular puede prevenirse con la adopción de unos hábitos de vida saludables que contrarresten la influencia de los llamados factores de riesgo. Si
    quieres saber cuál es tu nivel de riesgo, entra en nuestra calculadora de riesgo cardiovascular y descubre cómo puedes mejorar la salud de tu corazón.


    A continuación, repasamos los factores de riesgo cardiovascular y profundizamos en sus aspectos modificables.


    Listado de los principales factores de riesgo cardiovascular


    Diabetes


    ¿Qué es? La diabetes mellitus
    es una enfermedad que se produce cuando el páncreas no puede fabricar insulina suficiente o cuando ésta no logra actuar en el organismo porque las células no responden a su estímulo. Quienes padecen diabetes tienen más riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular.


    ¿Qué hacer? Mantener una dieta cardiosaludable, practicar ejercicio físico de forma continuada, perder peso, controlar la glucemia y vigilar los demás factores de riesgo cardiovascular, especialmente la hipertensión, el tabaquismo y el colesterol.


    Cardioconsejo. La diabetes se debe controlar. La insulina se debe administrar mediante una inyección subcutánea. Existen diferentes tipos de insulina,
    que se diferencian fundamentalmente en el tiempo que tardan en hacer efecto y su duración (ultrarrápida, rápida, intermedia y lenta). Acude a tu médico para que te explique cómo hay que controlar los niveles de glucosa y qué hacer cuando el índice obtenido no corresponda a los rangos normales.


    Más información sobre diabetes como factor de riesgo cardiovascular.



    Colesterol


    ¿Qué es? Está demostrado que las personas con niveles de colesterol en sangre de 240 tienen el doble de riesgo de sufrir un infarto de
    miocardio que aquellas con cifras de 200. Cuando las células son incapaces de absorber todo el colesterol que circula por la sangre, el colesterol sobrante se deposita en la pared de la arteria y contribuye a su progresivo estrechamiento originando la arterosclerosis.


    ¿Qué hacer? Seguir una alimentación equilibrada, rica en ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados (presentes en el pescado y los aceites de oliva y de semillas) y con alto consumo de vegetales, legumbres, cereales, hortalizas y frutas. Realizar un programa de ejercicio aeróbico a intensidad moderada y desarrollado de
    forma regular.


    Cardioconsejo. La hipercolesterolemia no presenta síntomas ni signos físicos, así que su diagnóstico sólo puede hacerse mediante un análisis de sangre que determine los niveles de colesterol y triglicéridos. Todas las personas deben conocer sus niveles y repetir los controles con cierta periodicidad. Cuanto más precozmente se detecte la alteración, menos problemas se producirán.


    Más información sobre colesterol como factor de riesgo cardiovascular.


    Hipertensión arterial


    ¿Qué es? La hipertensión arterial la elevación de los niveles de presión arterial de forma continua o sostenida. La hipertensión supone una mayor resistencia para el corazón, que responde aumentando su masa muscular para hacer frente a ese sobreesfuerzo. La hipertensión propicia arterioesclerosis, fenómenos de trombosis, insuficiencia coronaria, angina de pecho y arritmias.


    ¿Qué hacer? No fumar, reducir el consumo de alcohol al mínimo, rebajar el peso, practicar ejercicio y mantener una dieta cardiosaludable pobre en sal. Si ya eres hipertenso, además, es posible que debas seguir un tratamiento farmacológico.


    Cardioconsejo. Los niveles normales de presión arterial sistólica (máxima) están entre 110-140 mmHg, y las de
    diastólica (mínima) entre 70 y 90 mmHg. Cifras más bajas también pueden considerarse normales, siempre que no provoquen ningún síntoma. Como la presión arterial cambia a lo largo del día y de la noche, haz la medición siempre a la misma hora.


    Más información sobre hipertensión arterial como factor de riesgo cardiovascular.


    Tabaco / Tabaquismo


    ¿Qué es? El tabaco / tabaquismo es el factor de riesgo cardiovascular más importante, ya que la incidencia de la patología coronaria en los fumadores es
    tres veces mayor que en el resto de la población. La posibilidad de padecer una enfermedad de corazón es proporcional a la cantidad de cigarrillos fumados al día y al número de años en los que se mantiene este hábito nocivo.


    ¿Qué hacer? Sólo hay una solución: dejar de fumar. Abandonar el tabaco reduce la tasa de reinfarto y muerte súbita en un 20-50 por ciento. Tres años después de haber dejado el tabaco,
    el riesgo de infarto de miocardio o accidente cerebrovascular del ex fumador es el mismo que de quien no haya fumado nunca. Es difícil dejar de fumar sin ayuda, así que no vaciles en acudir al médico y pedir asistencia profesional.


    Cardioconsejo. Merece la pena dejar de fumar, tanto por uno mismo como por quienes tenemos alrededor y estamos castigando como fumadores pasivos. Los síntomas (inquietud, ansiedad, irritabilidad, trastornos del sueño, falta de concentración, aumento del apetito, deseo imperioso de fumar…), por intensos que parezcan,
    siempre son pasajeros. Y recuerda: ¡cada hora que pasas sin fumar es un éxito total! Todo ello por no hablar del ahorro económico: un fumador que consume una cajetilla al día gasta 976 euros de media anual. ¿A que se te ocurren muchas cosas que hacer con casi 1.000 euros más en tu bolsillo? Un capricho, un viaje, una cuota mensual de una hipoteca media...


    Más información sobre tabaco / tabaquismo como factor de riesgo cardiovascular.


    Sedentarismo / Falta de ejercicio


    ¿Qué es? La falta de ejercicio se considera uno de los mayores factores de riesgo en el desarrollo de la enfermedad cardiaca e incluso se ha establecido una relación directa entre sedentarismo y la mortalidad cardiovascular. Una persona sedentaria con falta de ejercicio tiene más riesgo de sufrir arterioesclerosis, hipertensión y enfermedades respiratorias.


    ¿Qué hacer? El sedentarismo / la falta de ejercicio es un factor de riesgo modificable, lo que significa que la adopción de un estilo de vida que incluya la práctica de ejercicio físico interviene en la mejora de la salud de la persona sedentaria y reduce su riesgo cardiovascular.


    Cardioconsejo. En el caso de los adultos sedentarios que llevan mucho tiempo sin hacer ningún tipo de ejercicio físico es conveniente comenzar progresivamente: tan peligroso es no hacer ninguna actividad física como, en esa situación, lanzarse a un ejercicio exhaustivo y desmedido de forma aislada. El mayor beneficio no está en el deporte de competición, sino en pequeñas iniciativas que nos ayuden a mantenernos activos y sanos: bajarnos del autobús una parada antes, juntarnos con un grupo de amigos para pasear, ir caminando a hacer la compra, etc.


    Más información sobre sedentarismo / falta de ejercicio como factor de riesgo cardiovascular.


    Dieta / Mala alimentación


    ¿Qué es? El efecto de la dieta sobre el desarrollo de las enfermedades cardiovasculares es de tipo indirecto, ya que una mala alimentación interviene ampliando el daño que provocan otros factores de riesgo, como el colesterol, la tensión arterial, la diabetes y la obesidad.


    ¿Qué hacer? Incluir en nuestra dieta
    diaria aceite de oliva, numerosas frutas, verduras y cereales, así como productos libres de grasas animales (aves sin piel, carnes magras). Limitar la mala alimentación como las comidas altas en calorías (bebidas gaseosas, golosinas) y el consumo de productos con grasas hidrogenadas (precocinados, industriales). Moderar la ingesta de sal y controlar el número de bebidas alcohólicas.


    Cardioconsejo. La tentación no empieza en la nevera, sino en el mercado. Cuando hacemos la compra debemos renunciar a los alimentos que no son buenos para nuestra salud. El truco consiste en sustituir estos productos que se unen en un hábito de mala alimentación por otros que nos proporcionen la misma satisfacción y además posean un
    adecuado valor nutricional. Y por supuesto, no abuses de las cantidades y sírvete raciones razonables: hay que comer para vivir, no vivir para comer.


    Más información sobre dieta / mala alimentación como factor de riesgo cardiovascular.


    Antecedentes familiares


    ¿Qué es? Los miembros de familias con antecedentes familiares
    de ataques cardiacos contemplan un riesgo cardiovascular más alto. El peligro aumenta proporcionalmente según la cantidad de parientes directos que hayan padecido infartos.


    ¿Qué hacer? El antecedente familiar es un factor de riesgo fácil de identificar. Si nuestros padres han sufrido un infarto debemos ser conscientes de que pertenecemos a un grupo de mayor sensibilidad y, por tanto, hemos de multiplicar las medidas de prevención primaria: no fumar, seguir una dieta equilibrada y práctica de ejercicio regularmente.


    Cardioconsejo. En muchas ocasiones, la correspondencia entre los antecedentes familiares de cardiopatías y un
    mayor riesgo cardiovascular no se debe sólo a un factor genético, sino también a la transmisión de padres a hijos de unos hábitos de vida no demasiado saludables.


    Más información sobre antecedentes familiares como factor de riesgo cardiovascular.


    Sexo / Genero


    ¿Qué es? Los hombres por debajo de los 50 años tienen una incidencia más elevada de afecciones cardiovasculares que las mujeres en el mismo rango de edad. A partir de la menopausia,
    el índice de enfermedades del corazón en la mujer se incrementa por la desaparición de la defensa que le proporcionaban los estrógenos.


    ¿Qué hacer? Aunque nuestro sexo no es un factor modificable, siempre podemos actuar sobre otros elementos que nos ayudarán a reducir la probabilidad de padecer una dolencia cardiovascular: dieta equilibrada, ejercicio físico regular y abstinencia del consumo de tabaco.


    Cardioconsejo. Tres de cada diez fallecimientos que se producen en la población femenina de nuestro país están directamente relacionados con la salud del corazón. Esta realidad es desconocida por la mayoría de las mujeres, más preocupadas normalmente por patologías como el cáncer de mama o la osteoporosis.


    Más información sobre sexo / genero como marcador de riesgo cardiovascular.


    Edad


    ¿Qué es? La edad es un factor de riesgo cardiovascular de primer nivel. El transcurrir de los años aumenta la posibilidad de que aparezcan enfermedades cardiovasculares, y lo que es peor, de que su pronóstico sea cada vez más negativo.


    ¿Qué hacer? Con la edad se eleva la probabilidad de que en una persona coexistan varios factores de riesgo. El cuidado de la hipertensión arterial o la diabetes cobra especial importancia en la población mayor de 65 años.


    Cardioconsejo. La insuficiencia cardiaca tiene su máxima incidencia y prevalencia entre las personas de más edad.
    Los cambios inherentes al proceso de envejecer favorecen su aparición, así que es imprescindible mejorar los hábitos de vida para mantener la salud y retrasar el progreso de la enfermedad.


    Más información sobre edad como marcador de riesgo cardiovascular.


    Raza


    ¿Qué es? En este caso, la principal diferencia entre razas reside en su distinta prevalencia de los factores de riesgo. Por ejemplo, numerosos estudios apuntan una mayor disposición de las personas de raza negra a padecer hipertensión arterial. Además, parece demostrado que su incidencia tiene peor
    pronóstico en este grupo de población. Otras investigaciones han asociado un riesgo más bajo de infarto de miocardio en los países asiáticos, y sin embargo, un mayor porcentaje de ictus


    ¿Qué hacer? La raza no es un factor modificable, pero siempre podemos actuar sobre otros elementos que nos ayudarán a reducir la probabilidad de padecer una dolencia cardiovascular.


    Cardioconsejo. En algunos casos es difícil distinguir si el mayor impacto de las enfermedades del corazón en determinada raza se debe a aspectos genéticos o a factores socioculturales o ambientales.


    Más información sobre raza como marcador de riesgo cardiovascular.


    Listado de los principales marcadores de riesgo cardiovascular


    Estrés


    ¿Qué es? El estrés
    es la tensión provocada por situaciones agobiantes que originan reacciones psicosomáticas o trastornos psicológicos. Se ha demostrado que existe un aumento del riesgo de infarto agudo de miocardio (doble de lo normal) durante las dos horas siguientes a un episodio significativo de alteración emocional o estrés. Se sabe que el estrés mental puede aumentar la frecuencia cardiaca, la presión arterial y las demandas de oxígeno del corazón.


    ¿Qué hacer? Hay que asumir la existencia del estrés y poner toda nuestra voluntad en controlarlo y evitar los estados de ansiedad. Además, debemos cuidar la alimentación, realizar actividad
    física de manera regular y limitar el consumo de tabaco, café y alcohol. Si con esto no basta, es necesario acudir al médico para que analice nuestro caso particular.


    Cardioconsejo. No se pueden evitar las situaciones preocupantes, pero sí manejar las respuestas y reacciones que tenemos ante ellas. La relajación progresiva de los músculos reduce la frecuencia del pulso y la presión de la sangre, así como el grado de sudoración y la frecuencia respiratoria. Se recomienda practicar ejercicio de intensidad moderada y de tipo aeróbico (caminar, marchar, nadar, bailar, montar bicicleta), de 30 a 60 minutos al día y al menos de tres a cinco días por semana. Otras posibilidades interesantes son el yoga, el pilates, el taichi y las técnicas de respiración.


    Más información sobre estrés como marcador de riesgo cardiovascular.


    Drogas


    ¿Qué es? Las drogas son sustancias cuyo consumo puede producir dependencia, que son empleadas para la estimulación o depresión del sistema nervioso central y que dan como resultado un trastorno en la función del juicio, del comportamiento o del ánimo de la persona. Además, su peligroso impacto sobre nuestro sistema cardiovascular está demostrado científicamente.


    ¿Qué hacer? Los diferentes tipos de drogas suelen provocar efectos distintos, pero siempre nocivos, sobre nuestro corazón. La cocaína y el éxtasis, por ejemplo, son responsables de taquicardia, vasoconstricción y elevación de la presión arterial. Por su parte, el cannabis ocasiona bradicardia e hipotensión.


    Cardioconsejo. Nunca debemos olvidar que las drogas son sustancias altamente nocivas para la salud y que generan un perjuicio individual y social. España es el país de la Unión Europea con más alto consumo de cocaína, y lo que es más preocupante, de mayor aumento entre el la población joven. Se calcula que el 4-6% de los adolescentes españoles de entre 15 y 16 años consume cocaína.


    Más información sobre drogas como marcador de riesgo cardiovascular.


    Frecuencia cardiaca


    ¿Qué es? Algunos estudios realizados en poblaciones sanas, así como en pacientes hipertensos, con cardiopatía isquémica o con insuficiencia cardiaca, demuestran una asociación entre la frecuencia cardiaca y el riesgo de muerte. Según esto, cuanto mayor es la frecuencia cardiaca, menor es la expectativa de vida. La frecuencia cardiaca normal en reposo oscila entre 50 y 100 latidos por minuto.


    ¿Qué hacer? Lo mejor es practicar ejercicio físico de forma regular. Se estima que cada 1-2 semanas de entrenamiento aeróbico podríamos conseguir una reducción en la frecuencia cardiaca en reposo de un latido por minuto.


    Cardioconsejo. La frecuencia cardiaca se mide tomando el pulso en la muñeca. Como el nivel de actividad influye en los resultados, siempre debemos medirla sentados, en reposo y en un ambiente templado. Se recomienda no consumir cafeína o excitantes en las horas previas a la medición.


    Más información sobre frecuencia cardiaca como marcador de riesgo cardiovascular.


    Obesidad y Sobrepeso / Perímetro abdominal


    ¿Qué es? La obesidad y sobrepeso
    central, abdominal o androide (es decir, la grasa acumulada en el abdomen) tiene peores consecuencias para el metabolismo, ya que
    contribuye al desarrollo de diabetes y gota. Además quienes la padecen obesidad tienen altas posibilidades de acumular grasa también en otros órganos vitales, lo que favorece la aparición de enfermedades cardiovasculares.


    ¿Qué hacer? Practicar ejercicio físico regularmente y seguir una dieta cardiosaludable. La pérdida moderada de peso (alrededor del 10% del peso corporal o 5-10 kilos) permite disminuir el riesgo de enfermedades del corazón.


    Cardioconsejo. Para medir el perímetro abdominal
    debemos estar de pie, expulsar el aire de los pulmones y rodear el abdomen con la cinta métrica a la altura del ombligo. Existe obesidad central cuando el perímetro abdominal es mayor de 88 centímetros en la mujer y de 102 centímetros en el hombre. También es recomendable medir el índice de masa corporal (IMC), un indicador del grado de sobrepeso y obesidad que resulta muy fiable, salvo en los extremos de altura y en las
    personas con una masa muscular muy desarrollada. El rango saludable de índice de masa corporal (IMC) debe figurar entre 18 y 25.


    Más información sobre obesidad y sobrepeso / perímetro abdominal como marcador de riesgo cardiovascular.


    Proteína C reactiva


    ¿Qué es? Estudios epidemiológicos sugieren que la inflamación de las placas de ateroma es un fenómeno que precede a los ataques agudos cardiacos o cerebrales. La proteína C reactiva (PCR) se halla en la sangre como respuesta a la inflamación, así que podemos considerarla como marcador de la existencia de fenómenos inflamatorios, y por tanto, un claro marcador de riesgo cardiovascular.


    ¿Qué hacer? La medida de la concentración plasmática de la proteína C reactiva (PCR) puede proporcionar un método para la detección de personas con alto riesgo de ruptura de placa y de ataques agudos cardiovasculares.


    Cardioconsejo. En la actualidad existen sistemas de ensayo altamente sensibles que nos permiten evaluar los niveles de proteína C reactiva (PCR), lo que unido a la detección de otros factores de riesgo, mejora considerablemente la predicción de futuras enfermedades cardiovasculares.


    Más información sobre proteína C reactiva (PCR) como marcador de riesgo cardiovascular.


    Anticonceptivos orales


    ¿Qué es? Los anticonceptivos orales son fármacos que aportan diferentes hormonas femeninas para evitar que se produzca la ovulación. Las cantidades no naturales de estas hormonas incrementan el riesgo de que se formen coágulos en lo vasos sanguíneos.


    ¿Qué hacer? Comentar con el ginecólogo los hábitos de vida, antecedentes familiares e historial clínico, de forma que el método anticonceptivo elegido no perjudique la salud cardiovascular.


    Cardioconsejo. Como el tabaco incrementa el riesgo de producir coágulos, las mujeres que son fumadoras y usan anticonceptivos orales multiplican el riesgo de tromboflebitis, embolia de pulmón, infarto agudo de miocardio e ictus. Algunas mujeres presentan además un riesgo añadido de trombosis de origen genético o por diferentes trastornos. En este último caso, el consumo de anticonceptivo puede ser muy peligroso. Por todo ello, es recomendable consultar al médico antes de iniciar el consumo de anticonceptivos orales.


    Más información sobre anticonceptivos orales como marcador de riesgo cardiovascular.


    Otros marcadores de riesgo


    Herencia genética


    ¿Qué es? Recientes investigaciones sugieren que algunos genes podrían
    estar involucrados en el desarrollo de la enfermedad arterial coronaria y del infarto de miocardio. Los avances en la genética molecular han identificado algunos de estos genes, lo que podría contribuir en el futuro a avanzar en el diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades cardiovasculares.


    ¿Qué hacer? La realización de un estudio genético se emplea para estudiar a los familiares de enfermos con arritmias ventriculares potencialmente letales, miocardipatía hipertrófica, ciertos trastornos de la coagulación o infartos a edades tempranas.


    Cardioconsejo. La detección y control precoz el riesgo de muerte súbita relacionado con cardiopatías es fundamental para diseñar un tratamiento farmacológico precoz y que pueda adaptadarse a caso concreto.


    Más información sobre herencia genética como marcador de riesgo cardiovascular.


    Próximamente más información sobre estos y otros marcadores de riesgo cardiovascular.



    • Hiperhomocisteinemia

    • Grosor de la íntima-media carotídea

    • Índice brazo/tobillo

    • Calvicie

    • Albuminuria

    • Calcio coronario

    • Péptido natriurético tipo B (BNP)



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